Crónica de El Reno Renardo en Salamandra (12 de Noviembre de 2022)

El fenómeno Reno es algo que, a día de hoy, sigo sin poder explicarme. Llevo siguiéndoles desde que El Reino de la Cagalera de Bisbal viese la luz y tal como la banda ha ido creciendo, yo mismo lo he hecho a la par. Sus temas me han acompañado durante épocas duras y otras no tan duras, alegrándome noches y días por igual con ese desparpajo propio que solo su frontman, Jevo, sabe transmitir de una forma única. Los renos siguen llenando salas en la ciudad condal en cada visita, y no necesitan de artistas invitados para reforzar su actuación. Esto es lo que más me sigue fascinando de todo ello, que coincidiendo con bandas como Alter Bridge o Sepultura, estos últimos durante su El Mundo se va a la Mierda Tour, sigan reuniendo una cantidad cada vez más grande de séquitos en sus espectáculos.

Su último paso por Barcelona fue en 2019, presentando el excelente Hostiopatía, y las ganas de volver a verles sobre las tablas eran cada vez más imperiosas. El lanzamiento de El Mundo se va a la Mierda me pilló en Nueva York y, como buen feligrés renil, celebré la salida de un nuevo álbum del Reno en continente americano, desatando la irreverencia de estos cuatro locuelos en territorio americano donde, en palabras de Jevo, «salvan al mundo de rusos, moros y seres de otras galaxias» y además «hacen fistfucking con pavos gordos el día de Acción De Gracias«. La cita a la ciudad condal era más que obligatoria después de semejante álbum.

Que el Reno abriese con Cipote Ancho era algo más que esperado. Antes de esto pudimos disfrutar de la ya icónica recopilación de vídeos cafres de internete que con cada visita nos deja con el culo aún más torcido. La cantidad de monguers que pueblan la Tierra es cada vez más amplia y la tarea de plasmar todos esos subnormanes en un solo vídeo me parece algo titánico, todo ello antes de dar paso a la presentación de la banda en el backstage. Salieron a la alza con la mencionada Cipote Ancho con la que engancharon rápidamente la pegadiza Meriendacena Medieval antes de dejarnos caer el primer tema de su nuevo álbum, Lo Puto Peor, que fue una auténtica gozada.

El repertorio de clásicos fueron cayendo uno tras otro, con algún que otro chiste de por medio mientras Jevo y Mikel trataban de pronunciar, con más o menos acierto, la palabra mongetes. Fiesta Palangana fue el siguiente hit en caer, y referirse a ese momento como auténtico despiporre es quedarse muy, muy corto. La Gente es Imbécil cayó a continuación para dejar paso a las dos covers de los germanos Rammstein: Madre y Tu Hamster. Después de eso, con el nivel altísimo, llegaba la hora de dar paso al tema que, para un servidor, te hace amar el último álbum por encima de todas las cosas: Spoilerman. Previo aviso a navegantes, Jevo fue soltando spoilers uno tras otro reventando películas y series una detrás de otra, sin piedad.

Llegó la hora de cambiar de registro para recordar a los bardos germanos que tanto amo, Blind Guardian, versionando uno de los temas más icónicos de su carrera: El bardo bastardo (In the Forest). Llegó la hora de advertir al público del posible lenguaje malsonante de que la banda haría uso en su próximo tema, C.L.H.P.D, por si en la sala se encontrase algún menor o algún que otro piel fina. Poco después tiraron de El Improperio para rescatar el, desafortunadadamente, único tema de dicho álbum: Entre Dos Piernas. La elección fue más que acertada, aunque eché de menos que La Navaja del Trueno Inmortal se quedase fuera del repertorio.

Encarando la recta final del show llegó una siempre celebrada Orcos de Mordor a la que además unieron el final de Eres Trve antes de regarlarnos el ya trío de ases veraniegos en pleno otoño: El Bogavante, La Solitaria y El Megalodón. Y llegó la hora de hacer el petate para irnos de excursión con Frodo y sus colegas por la Tierra Media de la mano de Camino Moria, que el hervidero en que se había convertido la Salamandra coreó a pleno pulmón antes de que los Renos se «retirasen» antes de regalarnos la breve Chicken es Pollo con los instrumentos cambiados para finalmente desbloquear los recuerdos de infancia con el que ya podríamos definir como el himno de una generación que es Crecí en los Ochenta.

El Reno se anota otro tanto en tierras catalanas, que la próxima vez ya tendrán que plantearse una Razz 1 como poco para contentar a su cada vez más grande legión de cabrónidos.

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