«Timewave Zero» de Blood Incantation (2022 – Century Media)

Cuando Blood Incantation anunció que su nuevo álbum de estudio sería un disco ambiental, pocos habríamos podido adivinar qué se llevaba entre manos el cuarteto de death metal de Denver (Colorado) tras haber parido dos obras tan colosales como son Hidden History of the Human Race (2019) y su álbum debut, Starspawn, de 2016. La banda formada por Isaac Faulk a la batería, Jeff Barrett al bajo, Morris Kolontyrsky a las seis cuerdas y Paul Riedl combinando su tarea como guitarrista y vocalista debutó en 2015 con un espléndido EP como es Interdimensional Extinction, una auténtica muestra de death metal de la vieja escuela con la que dejaban bien claro cuál sería su sello cuando fuese el momento de estrenar su primer larga duración, un año después de Interdimensional Extinction.

Desde entonces han lanzado un álbum en vivo, Live Vitrification (2018), y su demoledor segundo elepé, Hidden History of the Human Race, estrenado en 2019 bajo el sello Dark Descent Records. En este último trabajo de estudio ya se notaba el aumento de elementos psicodélicos en sus composiciones, incluyendo sintetizadores y teclados con un sonido oscuro que generaban una atmósfera muy acorde a la profundidad que la banda quería transmitir con su música. Esta evolución le sentó de maravilla al cuarteto de Colorado y tanto crítica como público sucumbieron a los encantos de Blood Incantation, servidor incluído.

Con tres años de preparatoria para dar vida a su nuevo engendro, pocos hubiésemos imaginado que la banda optaría por un álbum ambiental después de volarnos la cabeza con Hidden History of the Human Race, hasta el punto de prácticamente eliminar de la ecuación el death metal para centrarse única y exclusivamente en un álbum que camina entre el darkwave y el dungeon synth con ciertos toques de los germanos CAN o Tangerine Dream, auténticos estandartes del krautrock surgido a finales de los sesenta en la Alemania Occidental. Además de la parte electrónica más pura que encontramos en Timewave Zero hay ciertos elementos que llegan a recordar a Biosphere o Vangelis, sugiriendo así una conexión con bandas como Atrium Carceri, Sun O))), Ulver o Velvet Caccoon, con ciertos retales de los Burzum más eclécticos de finales de los noventa.

Timewave Zero se divide en dos únicas piezas, Io y Ea, ambas divididas en cuatro movimientos en los que Blood Incantation explora todo tipo de melodías oscuras con forma electrónica obviando por completo todo el material en que la banda ha trabajado anteriormente. Durante cuarenta largos minutos, no tan largos en realidad, el cuarteto explora todo tipo de ideas muy alejadas de su death metal original para expandir universos como si de la banda sonora de Tron (1982, Steven Lisberger) )se tratase. De la original, claro. El viaje astral que propone el cuarteto de Colorado se compone de una enorme cantidad de elementos psicodélicos que bien podrían acompañar la mítica escena en la que David Bowman, último tripulante con vida de la Discovery One, desciende a la superfície de Júpiter cerca de la luna Io en la gloriosa adaptación que Stanley Kubrick hizo de la magnífica novela 2001: Una Odisea del Espacio, de Arthur C. Clarke. Como dato curioso, la primera pieza de este Timewave Zero comparte título con la mencionada luna en la que Bowman encuentra el último monolito de 2001, quizá es pura coincidencia.

Está claro que este EP no es lo que muchos esperarán de una banda como Blood Incantation, sobre todo teniendo en cuenta el trabajo anterior de sus cuatro integrantes, pero es un álbum sólido que recomiendo escuchar con detenimiento. Si estás preparado para embarcarte en un viaje sideral, si lo tuyo son las drogas duras y quieres meterte un tripi musical de calidad, si no tienes miedo a experimentar y sabes valorar la calidad de las composiciones por encima del género al que una banda dice pertenecer, estoy seguro que Timewave Zero te encandilará por completo y te atrapará una vez entres de lleno en su juego. Si no estás dispuesto a dejar de lado tus convicciones sobre cómo debe sonar una banda, mejor olvídate de este álbum, aunque te estarás perdiendo una verdadera joya. Yo lo tengo claro.

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